A los 25 años, Andrés Moreno no tenía una oficina en Silicon Valley ni un fondo de inversión detrás. Tenía algo más incómodo y poderoso: frustración. La misma que sienten millones de jóvenes en Latinoamérica cuando se dan cuenta de que el inglés abre puertas… pero aprenderlo en serio parece caro, lento o imposible. De esa incomodidad nació una idea que hoy suena obvia, pero que en su momento fue un salto al vacío: enseñar inglés 100% online, en vivo, para cualquiera, desde cualquier lugar.
Así empezó Open English, una startup que no solo cambió la forma de aprender idiomas en la región, sino que también redefinió cómo se puede emprender desde Latinoamérica para el mundo. Moreno apostó por la educación digital cuando todavía había desconfianza en estudiar por internet. Apostó por el marketing agresivo cuando muchos lo criticaban. Y apostó por la constancia cuando el dinero se acababa y los “no” eran la respuesta más común.
Lo que vino después fue crecimiento, inversión internacional, expansión a más de 20 países y una marca imposible de ignorar. Pero el camino no fue lineal ni glamoroso: hubo deudas, errores, decisiones incómodas y momentos en los que abandonar parecía la opción más lógica.
De un problema personal a una idea que rompió el sistema
La historia de Andrés Moreno no comienza con un pitch perfecto, sino con una necesidad real. Él mismo necesitaba mejorar su inglés y se dio cuenta de que el sistema tradicional no encajaba con la vida de un joven latino promedio. Horarios rígidos, precios altos y métodos poco prácticos. ¿Por qué no usar internet para romper esas barreras?
Open English nació con clases en vivo 24/7, profesores nativos y una promesa clara: aprender inglés sin excusas. Esa claridad fue clave. Mientras otros proyectos dudaban, Moreno insistía. Tocó puertas, convenció inversionistas y defendió su visión incluso cuando parecía demasiado ambiciosa para alguien que venía de Venezuela.
La lección detrás del éxito que pocos cuentan
Más allá de los anuncios famosos y del crecimiento exponencial, la historia de Andrés Moreno deja una enseñanza directa para una generación que quiere emprender: no necesitas tenerlo todo resuelto para empezar. Necesitas entender un problema, obsesionarte con solucionarlo y resistir más que el promedio.
Moreno no creó solo una empresa; creó un mensaje para miles de jóvenes: tu origen no limita tu impacto. Desde Latinoamérica también se puede construir algo grande, global y rentable. Y a veces, la idea que cambia tu vida nace exactamente de eso que hoy te incomoda.
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