Crédito: Universidad Francisco Marroquin (UFM)

«A 50 años del terremoto que marcó a Guatemala para siempre»

A 50 años del terremoto de 7.5 grados que sacudió a Guatemala la madrugada del 4 de febrero de 1976, el país sigue recordando uno de los episodios más devastadores de su historia reciente. Para muchos, el recuerdo no vive solo en libros o archivos. Además, reaparece cada vez que la tierra tiembla o cuando suenan las alarmas durante los simulacros sísmicos que hoy forman parte de la vida cotidiana.

(Crédito: Gobierno de Guatemala)

El sismo ocurrió a las 03:01:43 de la madrugada, cuando la mayoría de la población dormía. Con una profundidad de apenas cinco kilómetros y un epicentro cercano a Los Amates, Izabal, el terremoto liberó una fuerza que, en tan solo 39 segundos, cambió el rostro del país. Un tercio de la Ciudad de Guatemala quedó reducido a escombros. Además, miles de edificaciones colapsaron de forma casi inmediata.

La magnitud del movimiento fue tal que las ondas telúricas se sintieron más allá de las fronteras nacionales. También alcanzaron Belice, El Salvador, Honduras y México, donde incluso se percibieron en la Ciudad de México. A esto se sumaron múltiples réplicas. Algunas alcanzaron hasta 5.8, 5.7 y 5.2 grados, lo que prolongó el temor y agravó los daños en las horas y días posteriores.

Una tragedia en medio de la noche

Las consecuencias humanas fueron devastadoras. Se estima que más de 23 mil personas perdieron la vida, alrededor de 76 mil resultaron heridas y más de un millón de guatemaltecos quedaron damnificados. El hecho de que el terremoto ocurriera durante la noche fue determinante en el alto número de víctimas. Miles quedaron atrapadas bajo los escombros de sus propias viviendas.

La tragedia ocurrió además en un contexto complejo: Guatemala atravesaba el conflicto armado interno, lo que dificultó aún más la respuesta inmediata ante una emergencia de tal magnitud. En las primeras 36 horas, los sobrevivientes improvisaron albergues en calles y espacios abiertos, sin acceso suficiente a alimentos, agua potable ni recursos básicos. Las constantes réplicas provocaron nuevas víctimas. Esto obligó a muchas personas a trasladar sus refugios hacia el centro de las calles, lejos de paredes y estructuras inestables.

El área más afectada abarcó aproximadamente 30 mil kilómetros cuadrados, donde vivían alrededor de 2.5 millones de personas. Más de 258 mil viviendas fueron destruidas, dejando a cerca de 1.2 millones de personas sin hogar. Además, el impacto alcanzó de forma severa al sistema de salud. Como resultado, el 40 % de la infraestructura hospitalaria nacional quedó destruida, mientras otros centros médicos sufrieron daños considerables.

(Crédito: CONRED)

Ciudades heridas y patrimonio dañado

Aunque el epicentro se ubicó lejos de la capital, la Ciudad de Guatemala y sus alrededores registraron los peores daños. Municipios como Mixco y Villa Nueva, así como varias zonas periféricas, resultaron más afectados que el centro histórico. Esto ocurrió principalmente por la presencia de viviendas de adobe, altamente vulnerables a los sismos. Las zonas 3, 5, 6, 7 y 19 fueron algunas de las más golpeadas.

El terremoto también dejó una profunda huella en el patrimonio cultural del país. Numerosas iglesias coloniales, edificios históricos y sitios arqueológicos sufrieron daños parciales o totales. En la capital, templos como la Catedral Metropolitana, la Iglesia La Recolección y la Ermita del Carmen registraron afectaciones importantes. En Antigua Guatemala, varios monumentos históricos, iglesias y edificaciones de alto valor arquitectónico resultaron dañados. Por otro lado, en San Lucas Sacatepéquez la iglesia parroquial, construida en 1560, colapsó por completo.

Sitios arqueológicos como Mixco Viejo y algunas estelas mayas de Quiriguá también se vieron afectados. Esto evidencia que el impacto del sismo alcanzó tanto a la vida cotidiana como a la memoria histórica del país. Bibliotecas, archivos y colecciones de gran valor cultural, entre ellas las de la Biblioteca Nacional y la Hemeroteca del Archivo Nacional, sufrieron daños considerables.

Reconstruir un país desde los escombros

La destrucción de carreteras, puentes y caminos principales complicó gravemente las labores de rescate y asistencia. A pesar de ello, la ayuda comenzó a llegar desde países vecinos de Centroamérica y otras naciones. La respuesta internacional fue clave en los primeros días, cuando la capacidad de atención local estaba desbordada.

La reconstrucción implicó un enorme desafío logístico y humano. Hospitales colapsados, escuelas dañadas y comunidades enteras desplazadas marcaron una etapa de emergencia prolongada. Más de 1,200 centros educativos resultaron afectados, provocando la suspensión temporal de clases y un retraso significativo en el calendario escolar.

Un recuerdo que sigue vigente

Cinco décadas después, el terremoto de Guatemala de 1976 no es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio permanente de la vulnerabilidad sísmica del país. También recuerda las consecuencias de la falta de prevención y la importancia de mantener viva la memoria histórica. Para las nuevas generaciones, conocer lo ocurrido no es solo mirar al pasado. Es entender por qué hoy la preparación, los simulacros y la conciencia ante los desastres naturales siguen siendo esenciales.

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