En la actualidad, la ciberseguridad ha dejado de ser un tema exclusivo de los departamentos de tecnología. Cada vez con más frecuencia, las gerencias y juntas directivas la colocan en el centro de sus reuniones estratégicas. Lo hacen al reconocerla como un pilar clave para la continuidad operativa. Además, la consideran fundamental para la protección del negocio y el resguardo del valor corporativo.
Este cambio responde a una realidad evidente: los ataques cibernéticos han evolucionado y hoy representan una amenaza directa para la operación de las empresas. Los esquemas de fraude se han vuelto más sofisticados. Por eso, afectan no solo los sistemas informáticos, sino también la reputación de las organizaciones y la confianza de clientes y socios comerciales.
Las cifras respaldan esta preocupación. De acuerdo con proyecciones realizadas en 2023 por la consultora Cybersecurity Ventures, los costos globales asociados a la ciberdelincuencia habrían alcanzado los 10,5 billones de dólares anuales en 2025. Este valor representa un incremento significativo frente a los 3 billones registrados en 2015. Estos impactos incluyen violaciones de datos, robo de fondos y propiedad intelectual, interrupciones operativas y procesos de recuperación posteriores a los ataques. Esta tendencia ha llevado a que el cibercrimen sea considerado la tercera economía más grande del mundo. Solo está detrás de Estados Unidos y China.
A este panorama se suma el más reciente informe Cost of Data Breach de IBM. Según este informe, en 2024 el costo promedio de una brecha de datos alcanzó un máximo histórico de 4,88 millones de dólares. Este dato refleja un aumento del 10 % respecto al año anterior. El sector sanitario encabeza la lista de los más afectados, con pérdidas promedio de 9,77 millones de dólares por incidente.
La ciberseguridad como prioridad estratégica
Ante este escenario, la inquietud de los directivos ya no se centra en si ocurrirá un ataque, sino en cuándo sucederá y qué tan preparada estará la organización para enfrentarlo. Datos del Foro Económico Mundial revelan que nueve de cada diez organizaciones experimentaron al menos un ataque cibernético en el último año. En promedio, recibieron 1.876 intentos de intrusión por semana. Esto representa un incremento del 75 % en comparación con el mismo periodo de 2023.
“En este contexto, la ciberseguridad se ha transformado en un instrumento que permite a la alta dirección mantener visibilidad sobre riesgos críticos y tomar decisiones oportunas. Se debe tener la capacidad de anticipación y respuesta ante escenarios de crisis que pueden detener operaciones durante días o semanas; ya que los costos asociados a una brecha de seguridad: desde la paralización de servicios hasta el impacto en la cotización bursátil, pasando por las sanciones regulatorias y el deterioro de la imagen corporativa”, son determinantes”, explica Alonso Ramírez, gerente Regional de Ciberseguridad en GBM.

Las organizaciones que han integrado la ciberseguridad en su planeación estratégica ya reportan beneficios claros, como una mayor capacidad de respuesta ante incidentes. También destacan una reducción en los tiempos de recuperación y una mejor protección de la continuidad del negocio.
No obstante, la preparación va más allá de la adopción de tecnología avanzada. Implica que los equipos directivos comprendan su nivel de exposición al riesgo y definan protocolos de respuesta claros. A su vez, deben fomentar una comunicación constante entre las áreas técnicas y las de negocio. Así, consolidan un enfoque integral donde la seguridad digital forme parte del ADN organizacional.
Protección integral de datos: una respuesta necesaria
Pese a los riesgos, solo el 20 % de las organizaciones se considera preparada para enfrentar un ciberataque, según un informe de Deloitte. Esto evidencia la urgencia de fortalecer la infraestructura de ciberseguridad. Además, esta necesidad se agrava ante la escasez global de aproximadamente cuatro millones de especialistas en esta área.
En respuesta, las empresas buscan soluciones que no solo permitan detectar amenazas, sino anticiparse a ellas y proteger su activo más valioso: los datos. En este contexto, IBM Guardium se ha consolidado como una plataforma integral que aborda la seguridad de la información desde múltiples frentes.
La solución permite a las empresas a identificar dónde se encuentran los datos sensibles a lo largo de todo el ciclo de vida de la información. También las ayuda a comprender cómo se utilizan y evaluar su nivel de exposición. Así, pueden priorizar riesgos con base en el contexto del negocio. Además, ofrece un enfoque automatizado para la seguridad y el cumplimiento normativo de datos estructurados y no estructurados, tanto en movimiento como en reposo.
IBM Guardium también detecta el uso indebido de información y bloquea amenazas relacionadas con inteligencia artificial. Además, moderniza los esquemas de cifrado para preparar a las organizaciones ante riesgos cuánticos emergentes. Todo ello ocurre sin afectar la agilidad operativa, gracias a flujos de trabajo automatizados. Estas funciones incluyen la aplicación de políticas mediante inteligencia artificial y reportes alineados con regulaciones como GDPR (protección de datos personales en la UE), CCPA (privacidad del consumidor en California) y PCI-DSS (privacidad del consumidor en California). De esta manera, se reducen riesgos operativos y reputacionales.
Ciberseguridad con enfoque estratégico
La plataforma transforma la seguridad de datos de un enfoque reactivo a uno proactivo. Así, permite pasar de la alerta a la acción efectiva mediante visibilidad basada en riesgos y priorización de amenazas. De igual manera, incluye respuestas integradas como el bloqueo de accesos o la cuarentena automática.
Empresas como GBM han ajustado su propuesta de valor para atender esta nueva realidad. “Más que proveedores de soluciones puntuales, nos posicionamos como aliados estratégicos que ayudan a las organizaciones a construir resiliencia frente a amenazas cibernéticas, asegurando que los planes de crecimiento y transformación digital no se vean interrumpidos por incidentes de seguridad. Nuestro acompañamiento es integral, y va desde la implementación tecnológica hasta la asesoría estratégica, garantizando que cada organización cuente con una solución adaptada a sus necesidades específicas de seguridad y objetivos de negocio”, finaliza Ramírez.
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