Lo que comenzó como una reunión más dentro del calendario escolar terminó convirtiéndose en un momento que nadie olvidará. Un niño de apenas 10 años tomó el micrófono frente a maestros y directivos, respiró profundo y, con la voz entrecortada, expresó algo que llevaba guardado en el corazón desde hacía tiempo: su gratitud por poder hablar de Dios sin temor.
El protagonista es Gustavo, alumno de la escuela cristiana Ensino Renovação, en São José dos Pinhais, Paraná, Brasil. Su intervención no estaba en el programa oficial, pero había pedido a su madre que le ayudara a conseguir unos minutos para dirigirse a los docentes. No quería dar un discurso largo ni preparado; solo deseaba agradecer.
“Amo tocar el violín, pero amo aún más hablar de Dios”, dijo frente al auditorio en silencio. Esa frase marcó el inicio de un testimonio que rápidamente conmovió a todos los presentes.
Una experiencia que lo marcó
Durante su participación, Gustavo contó que en una escuela anterior le habían pedido que no hablara de Dios. Aquella experiencia lo hizo sentir triste y limitado. Para él, compartir su fe no es un acto de provocación ni una obligación impuesta, sino una expresión natural de lo que cree y vive.
Lejos de guardar resentimiento, explicó que decidió orar y pedir una nueva oportunidad. Con el tiempo, llegó a un entorno donde encontró apertura y respeto. En su actual institución, asegura, ha podido expresarse sin sentirse juzgado ni reprimido.
Su historia no solo habla de religión, sino de identidad. Para Gustavo, poder mencionar su fe en conversaciones cotidianas es parte esencial de quien es.
Un mensaje que traspasó el aula
El momento más emotivo llegó cuando, entre lágrimas, agradeció directamente a sus maestros por permitirle ser auténtico. Incluso relató que en una ocasión oró por un compañero que se declaraba ateo, describiendo ese instante como una experiencia significativa para ambos.
Antes de terminar, leyó un pasaje bíblico que, según explicó, sintió en oración: Deuteronomio 28. Con voz firme, reafirmó que hablar de Dios es algo que hace con amor.
El video del momento comenzó a difundirse y ha generado múltiples reacciones. Más allá de creencias personales, la escena ha tocado fibras sensibles por la valentía de un niño que decidió expresar lo que piensa y siente.
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