Más allá de la polémica: una experiencia distinta en vivo
Hoy, desde El País de los Jóvenes, fuimos a ver la presentación de El Temach… y sí, nos llevamos una gran sorpresa.
Muchos lo conocen por los clips que circulan en redes, por las etiquetas, por las críticas que lo colocan en extremos. Nosotros también íbamos con expectativa. Pero vivirlo en persona fue otra experiencia completamente distinta.

Lo que encontramos no fue un discurso de ataque, sino una charla profundamente humana. Se habló de la soledad, de las heridas emocionales, de las rupturas, del vacío que muchos hombres —y muchos seres humanos— cargan en silencio. Porque esto no es solo un tema de hombres, es un tema del ser humano.
Se habló de responsabilidad personal, de disciplina, de reconocer los talentos que Dios nos dio, de la importancia de la oración, de la meditación, de volver a mirarse al espejo y asumir el trabajo interior. De dejar de culpar al entorno y empezar a trabajar en uno mismo.
Testimonios que no se pueden fingir
Lo más impactante fueron los testimonios. Hombres pasando al micrófono agradeciendo porque, en un momento oscuro, cuando realmente se sentían solos, un mensaje, una palabra o un video les dio fuerza para no rendirse. Algunos se quebraban. Otros hacían reír a todo el teatro. Y eso no se puede fingir. Se siente.
Muchas veces juzgamos desde afuera el tono, el estilo o ciertas palabras que dentro de un grupo pueden sonar fuertes. Pero más allá de eso, lo que vimos fue un espacio donde se habla del dolor masculino sin máscaras. Así como muchas mujeres cuentan sus historias desde su perspectiva, aquí se estaba contando desde la del hombre. Y algo importante: no hubo ofensa hacia la mujer. Había muchas presentes, aplaudiendo. Porque al final, las historias son las mismas: historias de dolor, de abandono, de búsqueda de sentido.
En El País de los Jóvenes creemos en escuchar antes de etiquetar. En comprender el contexto antes de emitir juicio. Y lo que nos llevamos fue claro: más allá de la forma, el mensaje de fondo es poderoso.
Trabajar en uno mismo. Sanar heridas. Fortalecerse espiritualmente. No quedarse atrapado en el resentimiento.
Al final, se trata de algo simple y profundo: aprender a estar bien con uno mismo para poder estar bien con los demás.
Y eso, cuando es auténtico, siempre suma.
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