En un mundo donde todo cambia rapidísimo, algunas costumbres extranjeras se han convertido en verdaderos life hacks culturales. Y sí: hay prácticas que otros países llevan años aplicando y que podrían mejorar nuestra vida hoy mismo, si decidiéramos copiarlas sin pena. Aquí te dejo algunas que merecen un “importar costumbre… cargando…”.
La obsesión japonesa por el orden y la convivencia
Japón no solo es anime, tecnología y trenes que llegan a tiempo: también es disciplina social convertida en hábito colectivo.
Allá, desde niños, aprenden a limpiar su aula, recoger basura en espacios públicos y respetar el silencio en lugares compartidos. No es porque “les obliguen”, sino porque forma parte del orgullo comunitario. Resultado: calles limpias, menos estrés y más armonía entre los distintos países.

¿Qué podríamos copiar YA?
Limpiar lo que ensuciamos (sí, hasta después de un partido o concierto).
Respetar filas, espacios, tiempos y a la gente alrededor.
Hacer de la puntualidad un básico de convivencia.
Pequeños cambios hacen ciudades que se sienten más seguras, bonitas y habitables.
Los “hygge” vibes de Dinamarca: vivir bonito sin complicarse
Dinamarca tiene fama de ser de los países más felices del mundo, y no es casualidad. Su secreto se llama hygge, una filosofía que se trata de crear momentos acogedores, simples y agradables… incluso en días complicados.
Ellos entienden que no todo es productividad: también existe el cariñito emocional que nos damos con un café caliente, con luz tenue o pasando tiempo con gente que queremos.

¿Qué podríamos copiar YA?
Hacer pausas reales del celular.
Quedar para conversar sin prisa, en diversos países podemos practicarlo.
Decorar espacios con vibes cálidas (plantitas, luces, velitas).
Practicar gratitud diaria y descanso sin culpa.
En resumen: menos ruido, más bienestar.
El hábito alemán de separar basura como si fuera deporte nacional
En Alemania reciclar no es un acto heroico: es un estándar social, y todos lo hacen. Tienen contenedores separados, horarios, normas… y funciona. Gracias a eso, reducen contaminación y aprovechan miles de toneladas de material cada año.
Copiar esto no solo ayudaría al planeta, también crearía una cultura de responsabilidad entre distintos países. Porque sí: cada acción cuenta.

En conclusión…
Muchas de estas costumbres no requieren dinero ni grandes cambios; solo requieren intención. Si empezáramos a adoptar estos hábitos HOY, nuestras ciudades y nuestra calidad de vida cambiarían más rápido de lo que imaginamos.
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