Ian McKellen, el actor que convirtió a Gandalf y a Magneto en figuras inolvidables del cine, sorprendió al hablar con franqueza sobre el paso del tiempo. A sus 86 años, el intérprete británico admitió algo que pocos imaginaban escucharlo decir: “He tenido que aceptar que no soy inmortal”.
La declaración llega después de un accidente que sufrió en 2024, cuando cayó del escenario durante una función teatral en Londres y sufrió lesiones que lo obligaron a detener su ritmo habitual de trabajo. El episodio, según explicó, fue un recordatorio directo de su edad y de los límites físicos que inevitablemente llegan.
Sin embargo, lejos de marcar un retiro, la experiencia parece haber reforzado su deseo de seguir activo.
El golpe que cambió su perspectiva
McKellen confesó que la caída lo hizo reflexionar sobre la fragilidad y la muerte de una manera más consciente. Aseguró que con el paso de los años la mortalidad se vuelve una presencia constante en la mente. No obstante, también dejó claro que no piensa vivir con miedo.
El actor explicó que continúa disfrutando del trabajo, que aún memoriza diálogos con facilidad y que la actuación sigue siendo una fuente de propósito. Para él, mantenerse activo es una forma de resistencia frente al tiempo.
Regreso a sus personajes más icónicos
Lejos de despedirse, McKellen se prepara para volver a dos de los personajes que marcaron su carrera. Retomará su papel como Magneto en Avengers: Doomsday y también volverá al universo de El Señor de los Anillos con La Caza de Gollum, donde Gandalf tendrá nuevamente un rol clave.

Para millones de fans, la noticia no solo representa nostalgia, sino también la confirmación de que una de las figuras más queridas del cine contemporáneo sigue vigente.
Con honestidad y sin dramatismos, McKellen demuestra que aceptar el envejecimiento no significa renunciar a los sueños. A sus 86 años, el actor no habla de despedidas, sino de nuevos proyectos. Y aunque reconoce que no es inmortal, su legado parece destinado a permanecer mucho más allá del tiempo.


