La posible compra de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix encendió una de las discusiones más intensas en Hollywood. Y quien levantó la voz con fuerza fue nada menos que James Cameron, el director detrás de fenómenos globales como Titanic y Avatar.
El cineasta aseguró que esta operación podría “arruinar su carrera” y, más allá de lo personal, poner en riesgo el modelo tradicional del cine en salas.
Cameron advierte: “El cine está en juego”
Para Cameron, no se trata únicamente de una compra millonaria. La posible adquisición de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix representa un cambio estructural en la forma en que se producen, distribuyen y consumen las películas.

El director sostiene que su carrera ha estado construida sobre estrenos diseñados para la pantalla grande. Superproducciones con presupuestos gigantescos, efectos revolucionarios y una experiencia pensada específicamente para las salas de cine. Si Warner pasara a manos de Netflix, teme que muchas de esas producciones prioricen el estreno en streaming con ventanas teatrales mucho más cortas.
Según su postura, esto no solo afectaría a los grandes directores, sino a toda la cadena de la industria: exhibidores, trabajadores técnicos, empleados de salas y mercados internacionales que dependen del modelo tradicional de estreno.
Cameron considera que el cine es una de las mayores exportaciones culturales y económicas de Estados Unidos, y que debilitar el sistema de exhibición podría tener consecuencias profundas y duraderas.
Un choque de gigantes en plena transformación digital
Las declaraciones no pasaron desapercibidas. Desde Netflix, su co-CEO Ted Sarandos rechazó las críticas y aseguró que la plataforma no busca destruir el cine, sino ampliar el acceso a las historias y modernizar la industria.

En medio del debate también intervino el actor Mark Ruffalo, quien cuestionó públicamente la postura de Cameron, alimentando aún más la controversia en redes sociales.
El trasfondo del conflicto es claro: Hollywood atraviesa una transformación acelerada. El streaming ya no es una alternativa, sino un eje central del negocio. La pregunta es si ambos modelos salas tradicionales y plataformas digitales pueden coexistir sin que uno termine desplazando al otro.
Mientras la industria observa con atención los movimientos corporativos, el debate planteado por Cameron va más allá de una negociación financiera. Se trata del futuro del espectáculo cinematográfico tal como lo conocemos.
Y la gran incógnita permanece abierta: ¿estamos ante el fin de la era dorada del cine en salas o frente a una evolución inevitable del entretenimiento global?
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