¿Más años en la escuela significan realmente más inteligencia? La pregunta, incómoda y provocadora, llegó hasta el Senado de Estados Unidos cuando el neurocientífico Jared Cooney Horvath lanzó una advertencia que ya genera debate global: la Generación Z podría convertirse en la primera cohorte moderna con un rendimiento cognitivo inferior al de sus padres.
La declaración no apunta a una menor capacidad biológica. El problema, según explicó ante legisladores en Estados Unidos, estaría en los hábitos de aprendizaje y en el uso intensivo de pantallas dentro y fuera del aula.

Más escolarizados… ¿pero menos entrenados?
Paradójicamente, los jóvenes actuales han pasado más tiempo en el sistema educativo formal que cualquier generación anterior. Sin embargo, Horvath sostiene que la integración indiscriminada de tecnología podría estar debilitando procesos clave del aprendizaje profundo.
Entre las habilidades en riesgo mencionó:
- Comprensión lectora sostenida
- Consolidación de memoria
- Atención prolongada
- Resolución de problemas complejos
La advertencia es clara: cuando la tecnología sustituye habilidades básicas en lugar de complementarlas, el cerebro deja de ejercitar funciones esenciales. No se trata de demonizar las herramientas digitales, sino de cuestionar cómo y cuánto se utilizan.

¿Dependientes de las pantallas para pensar?
Según el investigador, la exposición constante a dispositivos digitales puede reducir la tolerancia al esfuerzo mental prolongado. Si la información siempre está disponible en una pantalla, el cerebro necesita esforzarse menos para retenerla o analizarla en profundidad.
El fenómeno no implica que la Generación Z sea “menos capaz”, sino que podría estar desarrollando una inteligencia más dependiente de apoyos externos. Y ahí radica el riesgo: que la generación más escolarizada de la historia termine siendo también la más condicionada por herramientas digitales para procesar información.
El desafío para la educación
El mensaje a los responsables educativos fue contundente: más acceso digital no equivale automáticamente a mejor desarrollo cognitivo. La clave estaría en reequilibrar la tecnología con métodos que fortalezcan la concentración, la memoria y el pensamiento crítico sin asistencia constante.
El debate apenas comienza, pero la pregunta ya está instalada: ¿estamos formando estudiantes más preparados o más dependientes?
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