De niño superdotado a científico obsesionado con prolongar la vida
Mientras muchos adolescentes aún descubren qué quieren estudiar, Laurent Simons ya alcanzó lo que para la mayoría sería el logro de toda una vida: una maestría en física con apenas 14 años. Sin embargo, su historia no se trata solo de récords académicos ni de titulares impactantes. Detrás de su impresionante currículum hay una motivación profunda. Esta conecta la ciencia con algo muy personal: el deseo de entender cómo prolongar la vida humana.
Laurent nació en Bélgica y desde muy pequeño dejó claro que no seguía el ritmo tradicional de aprendizaje. A los cuatro años ya cursaba primaria. Poco después, completó la secundaria en un tiempo récord. Aunque inicialmente se inclinó por la ingeniería eléctrica, pronto descubrió que su verdadera pasión estaba en la física. Es un campo que le permitió avanzar de forma vertiginosa en la Universidad de Amberes. En solo nueve meses completó su licenciatura. Además, a los 12 años, obtuvo una maestría en física cuántica. Así, se convirtió en uno de los graduados más jóvenes del mundo en esta disciplina.
Sin embargo, lo que realmente distingue a Laurent no es solo su velocidad intelectual, sino la razón por la que decidió dedicar su vida a la ciencia. La enfermedad de sus abuelos, ambos con problemas cardíacos, marcó profundamente su infancia. Verlos sufrir despertó en él una pregunta. Esa pregunta hoy guía su carrera: ¿puede la ciencia ayudar a que las personas vivan más y mejor?
Un genio con una misión que va más allá de los récords
Lejos de conformarse con ser “el más joven en lograrlo”, Laurent tiene una visión ambiciosa. Su objetivo es contribuir al desarrollo de tecnologías que permitan reemplazar órganos dañados y comprender los mecanismos del envejecimiento desde una perspectiva científica. Para él, la física no es una disciplina abstracta, sino una herramienta capaz de transformar la medicina y el futuro de la humanidad.
Con un coeficiente intelectual de 145, el joven prodigio ha participado en proyectos e investigaciones en distintos países. Además, ha colaborado con instituciones de alto nivel en Europa, Estados Unidos y Asia. Aun así, su vida no gira exclusivamente en torno a fórmulas y teorías. Laurent también disfruta de actividades propias de su edad, como los videojuegos y el karting. Asimismo, mantiene una vida social activa.
Su historia se ha vuelto viral no solo por lo extraordinaria, sino porque plantea una pregunta inquietante: ¿qué pasaría si el próximo gran avance para alargar la vida humana viniera de alguien que apenas comienza la suya? Laurent Simons no promete inmortalidad, pero sí demuestra que el futuro de la ciencia podría estar en manos más jóvenes de lo que imaginamos.
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