La literatura guatemalteca amaneció con una noticia que pesa: una de sus voces más agudas, irreverentes y humanas se apagó. El escritor Francisco Alejandro Méndez, ganador del Premio Nacional de Literatura en 2017, falleció el 28 de marzo de 2026 a los 61 años. Así, dejó un vacío difícil de llenar en las letras del país.

Durante décadas, Méndez no solo escribió historias: retrató un país. Desde la crudeza de la novela negra hasta el análisis crítico de la literatura centroamericana, su obra se convirtió en un espejo incómodo pero necesario de la realidad. Además, fue periodista, catedrático y autor de una producción diversa que abarcó cuentos, novelas y ensayos. Así, se consolidó como una figura clave de la narrativa contemporánea.
Su muerte fue confirmada la noche del sábado, luego de complicaciones cardíacas tras una reciente cirugía. Según información cercana, el escritor había sido sometido a la colocación de un marcapasos, pero días después presentó arritmias que terminaron por detener su corazón.
Una vida entre letras, crítica y pasión
Nacido en 1964 en Ciudad de Guatemala, Méndez creció rodeado de libros y de la influencia de una familia vinculada al periodismo y la literatura. Se formó como periodista en la Universidad de San Carlos. Posteriormente, amplió sus estudios en Letras, lo que marcaría profundamente su mirada crítica sobre la cultura.

Fue autor de obras como Manual para desaparecer, Ruleta rusa y Saga de libélulas. Además, creó al recordado comisario Wenseslao Pérez Chanán, personaje que exploraba las contradicciones sociales del país. Su estilo, directo e irónico, lo convirtió en una voz única dentro del panorama literario centroamericano.
Un legado que trasciende
Más allá de sus libros, Méndez deja una huella profunda en generaciones de lectores, estudiantes y escritores. Por un lado, su Diccionario de autores y críticos de Guatemala es considerado una obra fundamental para entender la evolución literaria del país. Por otro, su labor docente y periodística amplificó su impacto cultural.

En redes sociales, colegas, amigos y lectores han comenzado a despedirlo con mensajes cargados de nostalgia. Así, recuerdan no solo al escritor, sino al ser humano detrás de las palabras.
La partida de Francisco Alejandro Méndez no solo marca el fin de una trayectoria brillante, sino también el inicio de un legado. Ese legado seguirá vivo en cada página que escribió y en cada lector que encontró en sus historias una forma de entender y cuestionar la realidad.
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