Tenía solo 18 años cuando un accidente menor cambió su vida para siempre. Lo que parecía un simple golpe en la rodilla terminó revelando un osteosarcoma, un cáncer agresivo que le obligó a amputar la pierna derecha. Lejos de rendirse, Terry Fox convirtió esa tragedia en un reto que inspiraría al mundo, corriendo miles de kilómetros por Canadá para recaudar fondos y dar esperanza a quienes luchan contra la enfermedad.

Un golpe brutal de la vida

Todo comenzó el 12 de noviembre de 1976, cuando Terry chocó con la parte trasera de una camioneta al volver de la universidad. Aunque el auto quedó destruido, él solo sufrió una herida en la rodilla que pronto se intensificó en dolores persistentes. Tras varios estudios, los médicos del Royal Columbian Hospital dieron la noticia que cambió su destino: tenía osteosarcoma, un cáncer que requería amputarle la pierna quince centímetros por encima de la rodilla para salvarle la vida. La operación se realizó el 9 de marzo de 1977, dándole un 50% de posibilidades de sobrevivir.

Su épica Maratón de la Esperanza lo llevó a correr desde San Juan, Terranova, hasta cerca de Victoria, Columbia Británica (Crédito: X)

De la adversidad a la acción

En lugar de entregarse al dolor, Terry decidió vivir con intensidad. Estudió kinesiología y retomó su pasión por los deportes, entrenando con su pierna ortopédica. Para finales de 1979, empezó a entrenar con un objetivo que sorprendió a su familia: no era una maratón local, sino recorrer Canadá de costa a costa para recaudar fondos para la investigación del cáncer. Como explicó su hermano Darrell:

“Pensamos que estaba entrenando para el maratón de Vancouver, pero no era así. Vino a casa y le dijo a mi mamá que quería correr por todo Canadá para recaudar dinero que se destinaría a la investigación sobre el cáncer y así nadie más tendría que sufrir esa enfermedad.”

Terry Fox fue un joven canadiense que enfrentó el cáncer con valentía y se convirtió en símbolo de esperanza (Crédito: X)
Terry Fox fue un joven canadiense que enfrentó el cáncer con valentía y se convirtió en símbolo de esperanza (Crédito: X)

Sus familiares intentaron disuadirlo, pero terminaron apoyándolo sin reservas. Terry planeaba que cada canadiense aportara un dólar, logrando recaudar los 24 millones que necesitaba para impulsar la investigación.

La Maratón de la Esperanza

El 12 de abril de 1980, Terry inició su travesía en San Juan, Terranova, mojando su prótesis en el Atlántico y llevando dos botellas de agua que soñaba ver derramadas en el Pacífico. Cada día corría entre 22 y 26 kilómetros, descansaba, comía y volvía a la ruta para completar los 42 kilómetros diarios.

El trayecto fue extremadamente duro: el esfuerzo sobre su pierna izquierda y el muñón le provocaba hematomas y ampollas, pero descubrió que podía superar el dolor después de los primeros veinte minutos de carrera. Durante 143 días, Terry recorrió 5.373 kilómetros, hasta que la enfermedad avanzó a sus pulmones, obligándolo a detenerse cerca de Thunder Bay.

En una conferencia, Terry explicó su decisión:

“Originalmente, hace tres años y medio, tuve cáncer en mi rodilla, el cáncer se ha extendido y ahora tengo cáncer en mis pulmones. Tengo que regresar a casa e intentar más tratamiento… Inspirará a más personas. Yo solo quiero que la gente se dé cuenta de que todo es posible si lo intentas.”

Cuando el cáncer avanzó, Terry convocó una conferencia para anunciar que debía detener su recorrido, inspirando a millones con sus palabras (Crédito: X)
Cuando el cáncer avanzó, Terry convocó una conferencia para anunciar que debía detener su recorrido, inspirando a millones con sus palabras (Crédito: X)

Un legado que trasciende

Aunque no completó la ruta, su Maratón de la Esperanza fue un éxito histórico. Inicialmente recaudó 1,7 millones de dólares, cifra que rápidamente superó los 24 millones, cambiando para siempre la percepción sobre el cáncer y la resiliencia.

El ex primer ministro Pierre Trudeau lo recordó así:

“Muy rara vez ocurre en la vida de una nación que el espíritu valiente de alguien une a toda la gente… No lo veo como alguien que fue vencido por la desgracia, sino como alguien que nos inspiró con el ejemplo del triunfo del espíritu humano sobre la adversidad.”

Terry Fox falleció el 28 de junio de 1981, a los 22 años, debido a que el cáncer se había extendido a sus pulmones, poniendo fin a su valiente lucha. Su historia sigue inspirando a millones y nos recuerda que, incluso frente a la adversidad más dura, la determinación y la esperanza pueden dejar una huella eterna.

Hoy, su legado se refleja también en estatuas y monumentos en Canadá, conmemorando su Maratón de la Esperanza. Entre las más destacadas se encuentran las de Ottawa, Vancouver y Victoria, donde lo representan corriendo con su prótesis, recordándonos que un solo acto de valentía puede cambiar la vida de millones.

Terry Fox es recordado en estatuas en Ottawa, Vancouver y Victoria, que lo muestran corriendo con su prótesis (Crédito: X)
Terry Fox es recordado en estatuas en Ottawa, Vancouver y Victoria, que lo muestran corriendo con su prótesis (Crédito: X)


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