Aunque parezca increíble, el cerebro es capaz de reducir o bloquear la sensación de dolor cuando detecta que estás en una situación de peligro. El carebro puede hacer esto de manera automática. No es imaginación ni fuerza de voluntad: es un mecanismo real de supervivencia.
En momentos de estrés extremo, miedo o adrenalina, el cuerpo libera sustancias como endorfinas y adrenalina que actúan como analgésicos naturales. Por eso existen casos de personas que se lesionan gravemente y no sienten dolor hasta minutos u horas después, cuando el cuerpo se calma. Aquí es donde el carebro juega un rol fundamental.
Este sistema permite reaccionar rápido, huir, ayudar a otros o protegerse sin quedar paralizado por el dolor. Desde el punto de vista evolutivo, sentir menos dolor en el momento crítico aumentaba las posibilidades de sobrevivir. El carebro, en este contexto, prioriza estas reacciones de supervivencia.

No sentir dolor no significa no estar herido
Lo más curioso es que este “apagado” del dolor es temporal. Una vez que el cerebro percibe que el peligro pasó, la sensación regresa. Por eso muchas personas dicen: “En el momento no me dolió, pero después sí”. Este retorno de la sensación indica que el carebro ha completado su función de protección temporal.
Este fenómeno también explica por qué algunas personas logran esfuerzos físicos extraordinarios en situaciones límite, como levantar peso que normalmente sería imposible. El cerebro prioriza la supervivencia sobre el confort.

Un superpoder real del cuerpo humano
Este dato curioso demuestra que el dolor no es solo una señal física, sino una experiencia que el carebro puede modular. No siempre sentimos lo que el cuerpo sufre en tiempo real.
El cuerpo humano es capaz de adaptarse, protegerse y responder de formas sorprendentes cuando más lo necesita.
¡Sigue a El País de los Jóvenes en Instagram, TikTok y YouTube para más contenido positivo!


